Nicolás Schroder Saavedra.
Presentación
Para iniciar este ensayo quisiera hacer una delimitación de las posturas que voy a tratar. Dado que, en teoría, la posibilidad de que la transición a la democracia sea tan posible como negable de que signifique el surgimiento un nuevo cleavage, he preferido instaurar dos posturas contrarias entre sí acerca de este tema y al final una revisión personal basado en las argumentaciones.
El ensayo está estructurado de la siguiente forma: en primer lugar expondré la postura de que significaría un nuevo cleavaje el facto transitorio, para el cual utilizaré a los autores Eugenio Tironi y Felipe Agüero [1]. En segundo lugar expondré la contraparte del tema, basado en J. Samuel Valenzuela [2]. En último lugar daré paso a la conclusión del tema con una visión personal acerca de lo que en síntesis se expone en ambas partes de la discusión y el contraste de lo expuesto con la realidad actual.
I. La postura de Tironi y Agüero.
Tironi y Agüero exponen en su breve ensayo la generación de una fisura generativa a partir de la intencionalidad del régimen autoritario de suprimir y luego reformar el sistema de partidos en Chile. Los partidos políticos se habrían convergido en coaliciones a partir del plebiscito de 1988, el cual definiría las condiciones en que se efectuaría la transición y sería la causal de la polarización social de todos los chilenos cuando en 1989 se dio paso a la votación universal del “SI” y el “NO” a la continuación del régimen militar. En base a esto se institucionaliza la coalición de la Concertación por la Democracia, liderada por la DC, y la coalición derechista en apoyo al régimen.
Plantean la intención del régimen militar de en un principio eliminar el la participación política, sin embargo, apoyándose en Valenzuela y Valenzuela [3], argumentan que ese intento es imposible, ya que el sistema de partidos está fuertemente arraigado a las fisuras generativas históricas de carácter Iglesia/Estado y empleador/obrero. A partir de ese fracaso, es que el régimen cambió de estrategia, apuntando a un cambio en el sistema de partidos. Valenzuela y Valenzuela, junto con su insistencia en la solidez que otorgaban las fisuras generativas en el sistema político pre-golpista, mantenían que dicha estabilidad haría sobrevivir el paisaje político a las intenciones autoritarias. Ante esto, Tironi y Agüero discrepan argumentando que el paisaje político si cambia después de todo, si bien el sistema de partidos luego de la transición no parece haber sufrido cambios a como eran antes, aseguran que esa percepción es mas aparente que real. Exponen que existen casi los mismos componentes, pero con una distinta estructuración y que los actores del pasado eran los mismos del futuro, sin embargo, con otra trayectoria.
Según estos autores, la discontinuidad del paisaje político es causada en base a dos cambios en el sistema de partidos que son fundamentales. El primer cambio vendría siendo el paso desde un sistema multipartidario y multipolar en donde el centro político ejercería una fuerza centrifuga, a un sistema bipolar con una homogenización del centro político y de una dinámica centrípeta. En el nuevo sistema bipolar, sería irrelevante la cantidad de partidos que participe en cada bloque. El segundo cambio sería el paso de un pluralismo polarizado a un pluralismo despolarizado o moderado. Esto significa que existe un vaivén en lo que era el periodo pre-golpista en donde la capacidad para generar coaliciones era carente y predominaba una gran distancia ideológica y una dinámica de competencia centrífuga, a un periodo pos-golpista en donde las distancias ideológicas disminuyen, se generan las condiciones para crear coaliciones bipolares y con una competencia centrípeta en cuanto a pelearse los votos del centro.
Esta discontinuidad abre paso a un proceso histórico que daría génesis al nuevo paisaje político que los autores afirman que se mantienen firmes y enraizados. La lógica de su estabilidad se sustenta en que la fisura generativa resuelta de la transición a la democracia se superpone a la fisura generativa del conflicto Iglesia vs. Estado. ¿En que puntos se superpondría? Según los autores, se superpone en el carácter conservador o en el carácter laico que tome cada coalición dentro del sistema de partidos. El bloque de izquierda adoptaría en este caso el carácter laico, el cual se opone al carácter conservador que adopta el bloque derechista.
El cambio de paisaje político que ocasiona la coyuntura, es consecuencia de la fisura generativa mencionada (autoritarismo/democracia), la cual tiene su génesis por las siguientes causales:
- La crisis del sistema democrático en 1973 y la actual configuración bipolar de coalición.
- La formación de la conciencia política y la construcción de identidades en el marco autoritarismo/democracia.
- Los esfuerzos Concertacionistas por reformar la institucionalidad heredada que apelan a la vigencia de la polaridad autoritarismo/democracia.
A partir de esto, los autores afirman que la nueva fisura generativa producida por la coyuntura del golpe de Estado de 1973 (fisura autoritarismo/democracia), reconfiguraría el sistema de partidos, además de asegurar que esta fisura se habría ramificado, profundizado e institucionalizado, integrando y reordenando así las fisuras históricas anteriores de credo y clase. La estabilidad de esta fisura está sujeta a la no restitución de “los tres tercios” del sistema de partidos anterior [4].
En conclusión, el nuevo paisaje político estaría establecido en base a una fisura generativa que arranca desde el periodo autoritario, el cual rompe con el paisaje político anterior y se superpone a las fisuras generativas históricas del conflicto Iglesia/Estado y el conflicto de clases desarrollado en el periodo industrial de Chile. Este paisaje político se ha mantenido gracias a que la fisura generativa se mantiene vigente en la actualidad, representada por la polarización de los dos bloques mayoritarios y por la desafección a la política por parte de la ciudadanía, que si bien podría presentar una amenaza a la fisura, por el momento la mantiene vigente porque fomenta la competencia centrípeta de los votos del centro.
Retomando la presentación.
Ya expuesta la postura de los autores Tironi y Agüero, ahora expondré la postura de Samuel Valenzuela, quien presenta en su ensayo, una respuesta al ensayo de opinión de Tironi y Agüero.
II. Postura de J. Samuel Valenzuela.
Samuel Valenzuela redacta un ensayo en el cual aclara su postura en contraparte del ensayo de Tironi y Agüero, expuesto anteriormente. No quiero comenzar a exponer su postura sin antes citar la interpretación de cleavage que manifiesta Valenzuela en relación al concepto propio de Lipset y Rokkan. Apela a que las fisuras “surgen de conflictos o divisiones sociales importantes que producen un alineamiento de segmentos de una población nacional con una u otra de las posiciones enfrentadas, generando identidades políticas competitivas” [5].
Es en base a este concepto que Valenzuela discrepa con Tironi y Agüero, argumentando que la transición no significó una fisura generativa, sino más bien fue una escisión y conflicto meramente político. Antes de argumentar su rebatimiento, coloca en análisis el marco de comparación de la postura de los autores anteriores en contraste a la de él y Arturo Valenzuela, en el criterio del carácter socio-histórico que debiese tener la fisura generativa para que concuerde con la definición de cleavage de Lipset y Rokkan. Concuerda, en síntesis, que no existe una similitud en dicho criterio, por lo que no sería una contraposición a lo escrito por él junto a su colega Arturo Valenzuela (1986). Sin embargo se aventura a refutar algunos puntos en los que él no concuerda con la tesis de Tironi y Agüero.
En primer lugar pone en duda el término ‘fisura generativa’, proponiendo que se trata solo de una ruptura del sistema de partidos provocado por el acontecer político. Asegura que se mantuvieron las figuras generativas anteriores y que solo hubo un ‘congelamiento’ del paisaje político durante el régimen autoritario que volvió a reestructurarse en la transición. Sostiene que una fisura generativa esta determinada por un factor socio-histórico que cimienta el sistema político resultante, cambiando así tendencias e identidades partidarias desde la sociedad. Demuestra que la tesis de Tironi y Agüero carece de este factor porque en la escisión autoritarismo/democracia no surgen organizaciones sociales como en las fisuras políticas anteriores, transformándola en una disidencia sencillamente política y que además sería la quinta disidencia en la historia de Chile desde el gobierno de Manuel Montt. Así mismo resume que la división de los partidos en dos coaliciones políticas no es una fisura generativa en comparación histórica con las que conformaron el sistema de partidos, sino que el resultado de posicionamientos políticos dado el acaecer político.
En segundo lugar cuestiona la terminación de Tironi y Agüero acerca de los ‘tres tercios’ y a la no repercusión de la dimensión religiosa/secular dentro de las divisiones partidarias. Argumenta en primer lugar que el término ‘tres tercios’ está mal empleado por dos razones:
- La izquierda, el centro y la derecha nunca fueron tercios del electorado, porque la izquierda era más débil. Concuerda más con denominarles ‘segmentos’.
- No había en realidad solo tres segmentos. Esto porque al agregarle la dimensión religiosa, estos tres segmentos se dividían en vertientes duales, por cada segmento de izquierda a derecha.
Con esto, apela a que el fundamento de las divisiones en dos coaliciones mayoritarias permanece en consideraciones políticas y no en una nueva fisura.
En tercer lugar, Valenzuela apela a la exageración de Tironi y Agüero en la retórica de que los partidos actualmente pierden su perfil individual dado el cuadro bipolar. No niega que los partidos utilizan técnicas modernas que evitan la proclamación de sus partidos políticos para captar el voto flotante, sin embargo el ciudadano se informa al respecto de la pertenencia partidaria. Ante esto, Valenzuela asegura que se expresa en la actualidad una tendencia de parte del electorado que no ha sufrido cambios significativos desde antes del 70. Por ende la lealtad del electorado no es hacia la coalición sino hacia el fragmento partidario o a la tendencia y que la única forma en que el electorado presione para el cambio del actual sistema de partidos sería basándose en la afirmación de que los dirigentes “no estén representando adecuadamente su tendencia, no reflejan correctamente sus inquietudes ni hacen eco de sus símbolos” [6].
Valenzuela expresa en síntesis que, para que exista una posibilidad de cambio en el sistema de partidos y en el paisaje político mismo, tendría que existir, como los primeros pasos, una consolidación democrática que estableciera un periodo post-Pinochet.
III. Conclusión reflexiva.
Las diferencias punto por punto entre una y otra postura están expresadas en la postura de Samuel Valenzuela, sin embargo, sí existe la necesidad de una diferenciación fundamental que se expresa en Valenzuela y que, a mi juicio, dejaría en segundo plano las diferencias conceptuales y de terminologías análogas. Me refiero a la característica socio-histórica que se debe presentar en un cleavage y en la que se debe sustentar primeramente, de la cual carece la exposición de Tironi y Agüero. Si bien exponen una serie de caracteres que definen una ruptura del sistema de partidos, contienen estas sólo un carácter político y no una demarcación social-histórica que arraigue en la estructura y cultura social, transformando sus tendencias e identidades con solidez inicial. Por ende, y respondiendo a la pregunta titulada, considero que no se genera un nuevo cleavaje dentro de la definición de Lipset y Rokkan y no se originará al menos que cambie el sentido político preferencial de la sociedad en una forma que lo avale.
Una segunda conclusión personal es que parte de las predicciones de Valenzuela que comparte con Tironi y Agüero se están cumpliendo, no de una manera explícita, sino que gradual y cautelosamente. El caso de las elecciones del 2009 en Chile, vemos como se desprende un candidato del bloque Concertacionista y se vuelve independiente para ir en fomento de la competencia presidencial. Así mismo, las altas preferencias hacia el candidato independiente que se expresan en las encuestas CEP reflejan como de a poco la tendencia de los chilenos se va desligando del marco coalicionista y tiende a tener preferencias de carácter independiente en búsqueda de la representación. Ahora, no hay que dejarse engañar y recordar también que el candidato independiente al cual me refiero mantiene una trayectoria política de izquierda. Sin embargo me sorprende muchas veces el escuchar decir a gente que tiende a votar por el bloque de derecha que si planea votar por el candidato independiente, aunque solo con fines estratégicos, y al mismo tiempo gente que me ha comentado que si no pasa a segunda vuelta el independiente, redireccionará su votación hacia la derecha política. En apariencia del momento estimo que esa tendencia es exclusivamente estratégica, sin embargo no es de menor importancia porque surge desde un desgaste de la Concertación, y al ser, como lo expresa Tironi y Agüero, un sistema de bloques recíprocos, el desmoronamiento de una conllevaría, en teoría, a la disolución de la otra.
Bibliografía.
-Tironi, Eugenio y Agüero, Felipe. “¿Sobrevivirá el nuevo paisaje político chileno?”.Estudios Públicos, 74 (Otoño 1999), pp. 151-168.
- Valenzuela, J. Samuel. “Reflexiones sobre el presente y futuro del paisaje político chileno a la luz de su pasado” Estudios Públicos, 75 (Invierno 1999), pp. 273- 290.
Notas.
[1] Tironi, Eugenio y Agüero, Felipe. “¿Sobrevivirá el nuevo paisaje político chileno?”.Estudios Públicos, 74 (Otoño 1999), pp. 151-168. Hago exposición de muchos de sus puntos de desarrollo en la generación de una postura clara y lo más objetiva posible.
[2] Valenzuela, J. Samuel. “Reflexiones sobre el presente y futuro del paisaje político chileno a la luz de su pasado” Estudios Públicos, 75 (Invierno 1999), pp. 273- 290.
[3] Tironi y Agüero hacen referencia a un artículo escrito por Samuel Valenzuela y Arturo Valenzuela, en donde expresan la idea expuesta. Cita original: A. Valenzuela y J. S. Valenzuela, “Los orígenes de la democracia chilena” (1983).
[4] Tironi y Agüero definen el termino ‘tres tercios’ como los tres bloques políticos de izquierda, centro y derecha que conformarían los tres tercios del electorado hasta 1973 en Chile.
[5] Valenzuela, J. Samuel. “Reflexiones sobre el presente y futuro del paisaje político chileno a la luz de su pasado”. 1999, p. 277.
[6] Op. cit. p. 288, párrafo 1.







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