La
invitación oficial que hizo el Consejo de la Organización para la
Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde) a Chile este martes en
París constituye un hito en materia de política pública.
Fuimos el primero de los cinco candidatos invitados a iniciar
negociaciones en 2007 -una lista que incluía, además, a Eslovenia,
Estonia, Israel y Rusia- en completar los estrictos requisitos para
convertirnos en miembros plenos, entre los que se contemplaba el
perfeccionamiento de nuestra legislación sobre gobiernos corporativos,
lucha en contra de la corrupción e intercambio de información bancaria.
Y lo hicimos en forma ejemplar, según destacó el secretario general de
la Ocde, Angel Gurría, al darnos la bienvenida a la organización.
Este esfuerzo, concebido como política de Estado, involucró
prácticamente a todos los ministerios, superintendencias y demás
reparticiones públicas, y contó con el decidido apoyo del Congreso. Fue
un orgullo constatar el profesionalismo, seriedad y entusiasmo con los
que nuestros servidores públicos completaron, en forma impecable y en
tiempo récord, las exigencias impuestas por la organización.
Los comités de la Ocde evaluaron, entre decenas de materias, los
estándares técnicos de nuestras instalaciones científicas, las normas
de protección a los consumidores, el proceso de acreditación de las
instituciones de educación superior, las políticas para promover la
incorporación de las mujeres al mercado laboral y las regulaciones del
sector financiero; instaron al fortalecimiento de instituciones como la
Fiscalía Nacional Económica, la Superintendencia de Pensiones y el INE,
y exhortaron a que aceleráramos la adopción de una política de
seguridad química y de programas de tratamiento de residuos.
Todo esto ha representado un gran paso en materia de modernización del
Estado y, desde ese punto de vista, hemos ganado todos los chilenos.
A diferencia de los Tratados de Libre Comercio, que al entrar en
vigencia conllevan un impacto directo entre consumidores y
exportadores, los beneficios de ingresar a la Ocde son intangibles y
sólo se percibirán en el mediano y largo plazo. En el ámbito de las
inversiones, recibiremos importantes influjos asociados a tecnologías y
consultorías medioambientales, pues en el marco de compromisos asumidos
tenemos que avanzar decididamente en este ámbito. También hay fondos de
inversión que solamente pueden incursionar en países que integren la
Ocde. Sin embargo, el principal beneficio es que vamos a estar bajo
constante escrutinio: nos van a medir con una vara más alta, por lo que
vamos a tener que hacer las cosas mejor.
La Ocde no es un club de países ricos, como algunos insisten en
calificar, sino un club de países en el cual se fomentan y promueven
las buenas prácticas. Los distintos comités van a continuar evaluando
nuestras leyes, instituciones, programas y estadísticas, y las van a
comparar con las de los demás miembros. Este permanente proceso de
monitoreo va a dejar en evidencia nuestras fortalezas, pero también
nuestras debilidades, lo que nos va a obligar a focalizar esfuerzos y
recursos en las áreas en las que enfrentamos mayores desafíos.
Chile va a ser un país más transparente y eficiente gracias a la Ocde;
nuestros programas sociales y económicos van a ser de mejor calidad;
nuestros éxitos van a ser medidos y comparados, mientras que nuestras
debilidades van a tener que ser abordadas a través de compromisos y
calendarios específicos.






