Eduardo Vergara Bolbarán, La Tercera
Como
es costumbre en nuestro debate nacional, damos prioridad a debatir y
hablar sobre los "Grandes Temas". Este enfoque fue visto durante la
campaña presidencial de primera vuelta, donde al final del día, las
aéreas debatidas fueron tan generales y "grandes" que ningún candidato
fue capaz de entregar nuevas ideas, innovar en políticas públicas, o al
menos ofrecer algo nuevo al ya desencantado electorado. Es más, en
estas semanas hemos visto renacer el debate respecto a si la transición
en Chile ya terminó o va a terminar; hace unos meses salió a flote el
tamaño del estado, y hemos hecho lo mismo de manera consistente con
otras "grandes" temáticas. Parecemos olvidar otros temas, que siendo
menos sexies, importan tanto o más para la salud nacional. El problema
es que mientras nos preocupamos de la superficie ignoramos el caldo de
cultivo destructivo que reside en el fondo.
En el fondo de nuestro florero nacional residen otros problemas que
requieren atención. Uno de ellos tiene que ver con la relación que ha
tenido el gobierno con la gran familia de la Concertación durante los
últimos años. La Coalición ha sido la gran vaca lechera del país, no
solo dando tranquilidad y bienestar para todos, pero especialmente
alimentando a un selecto grupo de terneros que hoy, ya no teniendo nada
de terneros, niegan soltar la ubre.
Desde intendentes, gobernadores, seremis, directores de servicio y
pasando por una casi incontable fauna de cargos de confianza, los
amamantados del Chile moderno están tan gordos, que la sola idea de
tener que moverse y re-inventarse fuera de la sombra de la política les
causa retorcijones internos naciendo en ellos una fuerza casi sobre
natural para mantenerse donde están. ¿No los ha visto? En estos días
los puede encontrar haciendo campaña, en la calle, golpeando su puerta,
motivados principalmente por mantener la pega, o simplemente
desesperados frente a una eventual salida de la Concertación.
Sin embargo generalizar es negativo. También existe un grueso de
personas que motivadas por el amor al servicio público, ideologías, la
política o simplemente el bien común, han trabajado incansable y
exitosamente por hacer de Chile un mejor país para todos. Pero a ellos,
y sin desconocerlos, los dejaremos fuera de esta reflexión.
Destetarse no es fácil. Muchos de estos terneros entraron al aparataje
estatal a temprana edad, nunca en su vida han participado del sector
privado, muchos de ellos no cuentan con estudios ni experiencia bajo
dinámicas que les evalúen con rigor, y que regulen y les exijan de
manera constante. Muchos han estado ahí, cómodamente sentados, y
protegidos por sus padrinos políticos. Ellos son tan buenos para todo,
que han sido rotados desde gobiernos regionales, servicios y
ministerios. Son "tan buenos", que nadie, ni profesionales jóvenes, ni
personas con real vocación han podido ocupar sus cargos. Muchos de
ellos creen, que por haber luchado incansablemente en contra la
dictadura, se merecen un altar y la recepción de flores por el resto de
sus días. Son nuestros maestros chasquilla y se creen vacas sagradas.
Por un lado, la llegada de Piñera al gobierno se debería hacer cargo de
erradicarles. Pero es una solución parche, ya que, no cabe duda que
bajo las actuales dinámicas el problema simplemente se vestiría con
pieles diferentes y una nueva familia de terneros aparecería en el
campo. El desalojo de Allamand no es la solución. Por otro, la
Concertación debería, por medio de Eduardo Frei, comprometerse de
manera explícita a crear los espacios para que esto no siga ocurriendo.
El candidato oficialista debe comprometerse a ejecutar un recambio
profundo en las estructuras secundarias de un eventual gobierno; y los
terneros de dar un paso al lado. A nivel local, no solo nadie debería
repetirse el plato, sino que tampoco sentarse a la mesa. Potencial de
recambio existe y está de sobra. Tal como Bachelet intentó el gabinete
paritario, los candidatos deberían comprometerse a establecer reglas
más drásticas respecto a quienes nos gobernarán. Límites de edad, de
participación previa en el estado, de estudios; o al menos métodos
democráticos para elegirlos.
Sin compasión y por nuestra salud, es momento de generar espacios para
el futuro. Además, si estas personas son tan capaces como dicen, no
tendrán menor problema en encontrar y generar nuevos espacios para
seguir avanzando y contribuyendo desde afuera, lejos de las bolsas
laborales que hoy ofrecen los partidos políticos. Pero por su bien, ya
deberían estar pensando que hacer a contar de Marzo. Meritocracia hasta
que duela, un tema que tocamos, pero que como sociedad no hemos sido
capaces de instaurar en el debate diario.







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