que
no quede ni uno solo, son una vergüenza, eso es lo que son..., canta la
gente en los estadios en Argentina cuando quiere cambios. Pero el
clamor es para que se vayan todos, no solamente los presidentes de los
partidos de la Concertación.
En una maniobra desesperada, el comando de Eduardo Frei intenta
provocar la salida de los máximos dirigentes de los partidos. José
Antonio Gómez y Pepe Auth obedecieron, pero luego se les complicó con
Juan Carlos Latorre y el plato fuerte, Camilo Escalona, la cabeza que
querían ver rodar los Ominami. Al momento de escribir estas líneas no
sabemos en qué terminará, pero lo que algunos anunciaron como un
tsunami que cambiaría el escenario electoral podría dar apenas para ola
de chocolate.
Porque, aun cuando resulte, ¿a quién le importa? Quien preside el
partido tal o la tendencia cual es una cuestión que sólo interesa a las
cúpulas políticas, a los que se disputan esos cargos para después desde
allí copar la administración del Estado con sus operadores. La gente
quiere otra cosa, quiere que le resuelvan sus problemas: la
delincuencia, la falta de oportunidades de empleo, el acceso a la salud.
Por eso esta movida y las que vengan no serán suficientes para que
quienes apoyaron en la primera vuelta a Enríquez-Ominami se decidan a
votar masivamente por Frei. Se nota demasiado que son cambios forzados,
motivados por la conveniencia y no por la convicción. Porque si no,
¿para qué esperar hasta ahora para las renuncias? Probablemente veremos
de aquí al 17 de enero nuevos sacrificios ante el altar de Marco, pero
la furia de éste y sus votantes no se verá aplacada. Es que se trata de
una cuestión distinta, corresponde a un auténtico hastío con la
Concertación, con su forma de hacer política, con sus ritos, con su
estética, con sus rostros; volviendo al lenguaje del fútbol
es un
sentimiento
, y el grito que se escucha en el tablón es:
que se vayan
todos, se terminó la alegría, se terminó la pasión.
Serán inútiles los cambios cosméticos que intenten de aquí a la
elección. Al candidato le sacaron la corbata y lo chasconearon, hasta
pretendieron hacerlo pasar por chistoso. Ahora le ponen de nuevo la
corbata y vuelve la gomina, es un poco patético.
Lo han intentado todo, han alterado la paz de los cementerios, se han
valido del dolor de algunos, de las obsesiones de otros y aun así no
han logrado detener el avance implacable de la expresión mayoritaria
que pide un cambio.
La gente no comulga con ruedas de carreta. Ahora vienen de vuelta con
lo de la política y los negocios. Atacan a Piñera porque ha sido
exitoso en su vida empresarial. ¡Pero si eso es lo que la gente quiere,
que las cosas se hagan bien!
Con la formación de un fideicomiso mucho antes que se legislara y la
orden de venta de sus acciones de LAN en caso de ser elegido
Presidente, Sebastián Piñera resolvió los conflictos de interés que
pudieran presentarse entre su condición de empresario y el ejercicio
del cargo de Presidente de la República. Pero vuelven a eso, insisten
con majadería.
Otra vez fallarán. Porque es demasiado evidente que no tienen propuesta
alguna para Chile, porque se les acabaron las ideas y las ilusiones. Y
se puede oír el cántico:
quítense la camiseta, dénsela a la hinchada,
que juega mejor.
Por el buen recuerdo para mucha gente que tienen los años durante los
cuales gobernó la Concertación, sería bueno que alguien sensato le
ponga atajo a esta situación, que dejen la campaña sucia, que planteen
sus ideas y que la gente decida; la reputación y la moral de quienes de
buena fe han adherido históricamente a esta coalición están sufriendo
con esta campaña.
El lunes 4 de enero, después de los feriados, quedarán dos semanas para
la elección. Habrá una masiva movilización del Gobierno a favor de la
candidatura de Frei, habrá muchas inauguraciones, primeras piedras y
marchas blancas. Será inútil, será contraproducente y se escuchará cada
vez más fuerte:
que se vayan todos, que no quede ni uno solo.







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