Medios de Comunicacion

En la recta final

Max Colodro, La Segunda

A menos de dos semanas de la segunda vuelta, el margen de variabilidad del resultado es mínimo. La inmensa mayoría de los electores tiene su decisión tomada y, salvo un imprevisto muy significativo, la suerte de la contienda está echada. Ambos candidatos cuentan hoy con un piso en torno al 46% de los votos válidos, y lo que hará la diferencia será precisamente el modo como se distribuya una franja no mayor a 7 u 8% de votantes que en primera vuelta anuló, dejó en blanco o se inclinó por ME-O. No hay mucho más, pero la paradoja de elecciones estrechas es que todo se juega en los márgenes.


A diferencia de lo que ha ocurrido en todas las contiendas presidenciales desde el 90 en adelante, ahora es el candidato del oficialismo quien tiene la obligación de salir al ruedo y arriesgar. No tiene más alternativa. Para triunfar, Eduardo Frei debe cerrar una brecha y quebrar una tendencia. Nada fácil en tan pocos días. En rigor, dejó pasar las tres semanas decisivas posteriores a la primera vuelta, sin haber dado un golpe de timón claro. Los cambios de rostro en su comando no podían ser una señal muy innovadora, dado que se ha pasado toda la campaña rotando elencos. Se requería algo sustantivo, de fondo, la misma noche del 13 de enero, o después de la rechifla en el court central. Pero se optó por lo de siempre: esconder los problemas debajo de la alfombra, no encarar las dificultades con liderazgo, sino intentar «prescindir» de ellas. Es lo que ha venido haciendo la Concertación hace ya muchos años, y es lo que está ad portas de pasarle la cuenta a toda una generación política.

 

Sebastián Piñera tiene un escenario electoral algo más despejado, pero tampoco es para confiarse. La Alianza por Chile ha estado demasiado cerca en dos oportunidades y ha perdido, al final, porque no logra neutralizar en la hora decisiva la lógica simple del «no a la derecha». Y es, de algún modo, lo que ha terminado por imponerse de nuevo a partir de la primera vuelta en el heterogéneo mundo de la centro-izquierda. En el fondo, para ese vasto contingente, la elección ha dejado de ser una disputa electoral, ni siquiera es una contienda política. Se ha vuelto —otra vez— a los bordes mismos de la metafísica: ahí donde se juega el todo y nada, los arraigos históricos y los sentidos atávicos, temores y dolores fundacionales, el bien y el mal en versiones absolutas, lealtades escritas con sangre y no poco instinto de sobrevivencia. En definitiva, gane quien gane el próximo 17 de enero, algo de Chile quedará esa noche partido irremediablemente en dos, dividido por un muro de símbolos que va mucho más allá de lo meramente electoral.

 

Y ése es quizá el desafío político más sustantivo que se impondrá luego de la victoria de unos y la derrota de otros. Gane quien gane, esta elección será un punto de inflexión. Después de lo vivido durante los últimos años y sobre todo luego de esta contienda electoral, ni la Concertación ni la Alianza podrán ser las mismas. Con bemoles y no poca resistencia, un Chile distinto se ha mostrado abriéndose camino. Las grandes confrontaciones que marcaron al país desde los 60 en adelante han ido desdibujándose. Nuevas generaciones comienzan a dejar su impronta cultural y política sobre el imaginario colectivo. Es inevitable y es bueno que así sea. En la vida de los hombres y en el devenir de los pueblos, a la larga nada merece no estar sometido a las inclemencias del tiempo.

 

----------

Articulo Original: http://bit.ly/4GMWoK

Escribe un comentario

¿Quieres usar tu foto? - Inicia tu sesión o Regístrate gratis »
Comentarios de este artículo en RSS