Eduardo Engel, El Mostrador
"Piñera
obtiene 52,9 y Frei 47,1" concluye la bajada del 9 de enero con que El
Mercurio presentó los resultados de la encuesta que encargó a Opina
S.A. Como la ficha técnica sugiere un margen de error del 2,8%, el
mensaje para Frei es lapidario: en el peor de los casos Piñera saca un
50,1% (la diferencia entre 52.9 y 2.8) por lo cual, pase lo que pase,
el candidato de la Alianza tiene ganada la segunda vuelta.
La encuesta El Mercurio-Opina (EM-O) cubre tres centros urbanos: el
Gran Santiago, Valparaíso y Viña del Mar, Concepción y Talcahuano. En
todos estos centros Marco Enríquez-Ominami obtuvo más votos que a nivel
nacional (21,7, 21,4 y 23,5 vs. 20,1%). Como las posibilidades de
crecimiento de Piñera respecto de la primera vuelta vienen
principalmente de los votos de ME-O, esto significa que Piñera tiene
más posibilidades de aumentar su votación en ciudades donde ME-O obtuvo
votaciones más altas. Es decir, las ciudades que cubre la encuesta EM-O
son ciudades donde es razonable suponer que Piñera aumentará su
votación en mayor medida que en el resto del país.
Lo relevante es quién gana en todo Chile, no en los tres centros
urbanos antes mencionados. Por lo cual es interesante extrapolar a
nivel nacional lo que sugiere la encuesta EM-O. Corrigiendo por la
sobrerepresentación de votantes de ME-O, la diferencia a favor de
Piñera cae de 5,8 a 4,2%. Llego a esta cifra asumiendo que quienes
votaron por Frei, Piñera, blanco o nulo en la primera vuelta votan de
igual forma en la segunda vuelta. Y que todos los votos de Arrate van
para Frei. En tal caso, si votan todos quienes votaron por ME-O, la
encuesta EM-O permite inferir que un 60% de quienes apoyaron al
candidato díscolo votarán por Frei y el 40% restante lo hará por
Piñera. Finalmente, supongo que los porcentajes anteriores también
aplican a los distritos que no fueron cubiertos por la encuesta.
Como todo set de supuestos, los que he planteado son discutibles, pero
no me parecen sesgados a favor de alguna de las opciones al inferir la
votación del 56% del electorado que no cubre la encuesta EM-O. Los
partidarios de Frei pueden argumentar que hay muchos votos nulos y
blancos en la primera vuelta que fueron votos de protesta contra los
partidos de la Concertación, pero que se inclinarán por Frei el domingo
que viene. Los partidarios de Piñera, por su parte, se han jugado
porque el ambiente triunfalista que lograron proyectar hasta hace poco
llevará a que nulos y blancos se sumen a la opción percibida como
ganadora.
El margen de error de la encuesta EM-O también está mal calculado, ya
que supone que quienes no respondieron tienen preferencias idénticas a
las de quienes respondieron. No se requiere ser experto en estadísticas
para intuir que el margen de error para quienes no responden es mayor
que aquel para quienes responden. Una corrección conservadora para esta
omisión lleva a un margen de error superior al 3%. A lo cual cabe
agregar que los márgenes de error asociados a una encuesta no
garantizan que la diferencia entre la proyección y los resultados será
menor que dicho margen.
Es una pena que, a diferencia de lo que hace la Universidad Diego
Portales y el CEP, Opina S.A.-El Mercurio no publica la base de datos
con la ficha de los encuestados. A pesar de lo anterior, interpretando
correctamente la poca información disponible, se concluye que ésta
predice un 52% para Piñera y un 48% para Frei, donde las dos votaciones
anteriores tienen un margen de error del 3%.
A lo anterior se agrega que después de realizada la encuesta EM-O, la
campaña de Frei finalmente está haciendo las cosas bien. El trío
conformado por Carolina Tohá, Claudio Orrego y Ricardo Lagos-Weber ha
dado credibilidad al mensaje del cambio generacional que viene dando el
candidato de la Concertación. Y la bien aceitada campaña de Piñera ha
cometido el primer error de importancia, al reconocer que se repetirán
el plato rostros de la dictadura en un eventual gobierno de la Alianza.
Aún para quienes pasamos años estudiando estos temas, no deja de ser
sorprendente que encuestando a poco más de mil personas uno pueda
predecir el resultado de una elección donde votarán más de 7 millones
de chilenos. Y, claro está, nada es mágico y hay veces que no se pueden
hacer predicciones confiables. Cuando la elección es estrecha, las
encuestas no sirven para predecir quién va a ganar.
Todo lo anterior sugiere que la carrera presidencial está lejos de
decidida y que la noche del 17 de enero puede terminar siendo una larga
jornada, en que los votos se cuenten uno a uno y se conozca el ganador
sólo después del último cómputo.







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