Nicolás Schröder.
Sin duda que el domingo 17 de enero se presenció el resultado de una dura y agotadora lucha por la captación de los votos flotantes que dejó la candidatura de Marco Enríquez-Ominami tras no lograr pasar a segunda vuelta y no pronunciar su preferencia públicamente sino hasta contados días de las elecciones electorales. Ambos comandos pelearon hasta el último voto siempre haciendo resaltar sus distintos slogans que hacían referencia a ellos mismos o a su contraparte como lo son “No virar a la derecha” y “Frei No More”. También el marketing político jugó un rol protagónico en ambos comandos al tratar de apartar los vínculos de Piñera con la dictadura y mostrar una imagen de renovación y cambio ante una Concertación desgastada y pedante. También por el comando de Frei, el marketing se hizo presente con publicidades muy polémicas que vinculaban a Piñera y su rol de empresario como postulante a la moneda, apelando a una sociedad reacia a la oligarquía. Pero a diferencia del marketing político de Piñera, el marketing de Frei no pudo sacar de encima la visión desgastante de la coalición oficialista, y en vez de ocuparse de eso, inundó en malas imágenes a la Coalición por el Cambio, gestión que no logró el objetivo que buscaban. Todo este marketing político engrandeció la imagen de la figura triunfante a La Moneda, hecho que es un arma de doble filo: por una parte el marketing político que enalteció a Piñera cumplió con hacer que ‘el 50+1’ de la población depositara las esperanzas de un mejor país en un gobierno distinto al que ya se habían acostumbrado durante 20 años; por otra parte, el compromiso y las expectativas que se tienen de sus 4 años de gobierno tienen en jaque la credibilidad no solo de él en particular, sino que de toda la Derecha chilena a la cual se les están abriendo las puertas. Por ende, el cambio que promete la Derecha puede que se vea obstaculizada tanto por la expectativa que muestra la sociedad ante este acto triunfante exacerbado, como por una resistencia al cambio de los proyectos que se avecinan desde el 11 de marzo.
Ante esto, existe una gran posibilidad de que a Sebastian Piñera le ocurra lo que he denominado “el síndrome Obama”, aquella baja notable de las comparativas entre las esperanzas de una sociedad mayoritaria de que Sebastian Piñera se muestre como ‘el motor que impulse la calidad de vida de todos los chilenos’ y lo que realmente significa en la gestión del estado. En otras palabras es la comparación negativa entre lo que se esperaba de él y lo que realmente ha demostrado ser en su primer año de gobierno. Para analizar este fenómeno tenemos que considerar 2 variables claves que provocan este fenómeno: el marketing político y la oposición de gobierno.
El marketing político.
El marketing político es el responsable de presentar una figura que venda políticamente, así mismo de presentar el ‘maquillaje’ de los intereses que tenga la figura y de presentar, entre slogans y publicidad, los distintos proyectos de interés socio-electoral. Si se dan cuenta, fue muy poco lo que se hablo de temas internacionales entre ambos candidatos, y así mismo fue sobrante lo que se hablo en materia de delincuencia, educación y salud, el triangulo de interés social al cual todos los que aspiran a la presidencia o al parlamento apelan. Sebastián Piñera fue presentado como el candidato que iba a ser capaz de estancar la delincuencia atacando lo que él mismo denominó ‘la puerta giratoria’, que se traduce en los problemas de las libertades provisionales, fallos a favor del imputado por falta de evidencias y – yo supongo que también se incluye – las libertades bajo vigilancia del SENAME para los delincuentes inimputables por edad.
El marketing político es muy requerido en periodo de elecciones, sobre todo en elecciones como esta en donde hubo una campaña – a mi juicio – más sucia de lo normal, muy antidemocrática, de dudosa legitimidad real, y carente de propuestas innovadoras y llamativas que tuviesen un valor de oferta política elevado y de alta pendencia. Por qué digo que es sucia y antidemocrática, que son términos bastante fuertes para cualquier lector. Básicamente lo menciono de esta manera en presencia de una campaña concertacionista que, en vez de proponer un programa político enriquecido, tan solo se dedico a apelaciones en temas de la época del Gobierno Militar, incluso hasta llegar a vincular al candidato de centroderecha casi como partícipe del gobierno de Pinochet. Ahora no hago ignorancia a que partidos políticos como la UDI y RN son simpatizantes del Gobierno Militar, que muchos votaron por el “SI” y que lo hicieron más por defender el sistema económico neoliberal que por simpatizar con la política autoritaria. Pero el marketing político Concertacionista ha provocado que la Coalición por el Cambio no se vea como una alternativa democrática alternante, sino mas bien como una alternativa retórica de un ‘pasado oscuro’ de chile. Tanto es así que el marketing político de la Concertación dejó entrever una falsa lucha en contra de la exclusión del Partido Comunista, tan solo para asegurar lo más posible que los votos de Jorge Arrate fuesen en el balotaje hacia Eduardo Frei y no a los votos nulos. Lo más sucio del marketing concertacionista fue la propaganda “TatanCard” televisado en la franja electoral. Además de hacer referencia al rol de empresario de la contraparte y a los autoritarismos con los que la vinculan, las cuales no son propias de una ‘campaña contaminada’ [1].
No bastando con eso, considero a la campaña de la Concertación como ‘antidemocrática’ en base al intervencionismo del Poder Ejecutivo, a la participación de ministros y funcionarios públicos que acuden al rescate de una figura que no genera un potencial entusiasmo en el electorado, haciéndome dudar de la legitimidad real que tengan las votaciones, sin importar el resultado de las elecciones finales. Lo digo así porque varios de los que votaron por Marco Enríquez-Ominami terminaron traduciendo su voto a la Derecha por considerar como incapaz al candidato oficialista de captar el voto flotante con proyectos que suponen una renovación real en la política de la Concertación. Acudir también a la muerte y supuesto asesinato de Eduardo Frei Montalva, a la apertura del Museo de la Memoria, como parte de recordarles a los electores que las atrocidades del pasado ‘no se les debe olvidar’ al momento de estar en las urnas, es a mi juicio una clara manipulación subliminal de la ‘mano invisible’ del Ejecutivo. Si bien no es culpa del marketing político, responde a una clara dificultad de este para lograr con eficacia su propósito.
Refiriéndome al marketing político de ambos candidatos creo que tuvo efecto en la imagen de ambos en los siguientes puntos: mientras al candidato oficialista le dio una imagen de progresista en términos de continuar laborando en los proyectos de los gobiernos anteriores sin mayores cambios que el “Bono Marzo” y el “caso DICOM”, además de darle una fuerte imagen de moralista anti-dictatorial; Piñera por su parte logró una imagen de líder del cambio, de un progresismo guiado por ramas distintas a las concertacionistas, de un presidente con mentalidad de empresario que se cree capaz de lograr mejoras en materias económicas y así lograr un aumento del crecimiento anual de Chile. Es una imagen bastante comprometedora y hasta casi irrealizable, de la cual me abstengo de pronosticar.
La oposición de gobierno.
Sin duda una de las mayores trabas que tendrá el próximo gobierno es el disenso con una oposición dolida y aparentemente rencorosa que ya desde el día después de la elección comenzó a condicionar las gestiones del gobierno Derechista. Piñera no goza de una mayoría en el congreso, por lo que tendrá que buscar acuerdos institucionales para cada uno de los proyectos que presente ante la oposición, sin embargo no preveo una tarea fácil, esto por causa de la ruptura de la exclusión del Partido Comunista que ahora tiene escaños en el Parlamento. Traduciendo este hecho, el Partido comunista perfectamente puede negociar con la oposición para generar boicoteos a las políticas públicas y así mismo, y tal como algunos analistas lo perciben, formar una oposición que genere el fracaso de la gobernabilidad Derechista. Esto se puede combatir siendo transparente e informativo con la sociedad, para dejar en claro que no corre por cuenta del Presidente la negligencia en el compromiso predispuesto, sin embargo no es tan fácil como suena. Hay que recordar que Piñera no ganó por una amplia mayoría porcentual, de hecho fue lo bastante estrecha para suponer que al más mínimo alboroto de la oposición en contra de alguna propuesta de Piñera, la opinión pública que avaló a Frei se va a hacer presente en críticas y desmerecimientos a la gestión del Ejecutivo. Así mismo, algunos simpatizantes del Presidente pueden llegar a cambiar de opinión y retornar al otro bando, mientras que los votantes de Derecha y Centroderecha van a hacer lo imposible por tratar de calmar las aguas. Todas estas suposiciones van en criterio de lo siguiente.
1) El Partido Comunista y el Partido Socialista son los grandes confrontadores de la Derecha política, y con representación parlamentaria van a buscar por todos los medios un boicot o una alianza elitista en contra de sus oponentes.
2) El gobierno presenta minoría parlamentaria, esto dificultará la aprobación de las gestiones gubernamentales.
3) La Derecha Chilena es presencialmente baja en la sociedad, por lo que si no emergen las sociedades derechistas que han estados silenciadas durante veinte años, las manifestaciones van a tomar una fuerza legítima que va a ser difícil de sostener.
4) La sociedad siempre refleja una resistencia al cambio y un apego a lo que ya conoce aunque sea malo.
5) Cada paso del Gobierno – y está anunciado – va a estar vigilado por los ‘defensores del progresismo’.
Ante esto se puede preveer como no solo existe una oposición parlamentaria sino que social, contrastada contra una mayoría electoral que prefirió la Derecha y votó por la alternancia, pero que se muestra vulnerable ante cualquier remezón político que no dudo que ocurra. Podría ocurrir por ejemplo que el Partido Comunista llame a huelga a los trabajadores se provoquen paros, remezones, manifestaciones y toda clase de presión laboral en conjunto con la CUT, la CTC, y variado sindicatos de trabajadores. El Partido Comunista tiene un arma muy poderosa a nivel social que le puede permitir causar inestabilidad si así lo quiere. Pero no es muy lejano a la realidad que los partidos más inclinados hacia el centro contrarresten esta situación y por fin se genere una reconciliación de la democracia la cual todos anhelan. Puede ocurrir esto o el desmoronamiento de la Coalición por el Cambio por no poder lograr controlar autónomamente el desborde de las rebeldías Comunistas y, por qué no, Socialistas.
Síndrome Obama.
Ante cambios de escenarios políticos tan significativos, la sociedad se deja llevar por las eventualidades y, los que optan por el cambio, enaltecen a sus figuras a tal altura que queda demasiado por sobre la altura de sus proyectos, lo que genera un decrecimiento en las comparaciones entre lo que se espera de él y lo que realmente es. Estamos en un país en donde a la gente se le critica por sus actos y en donde puedes pasar del cielo al infierno en tan solo un paso en falso. Por esa razón, Sebastián Piñera se convierte en estos momentos en el “Diablo por conocer”, el cual tiene la difícil misión de cambiar la cultura de hacer las cosas de la gente y acostumbrarlas a eso, si es que quiere que la Derecha siga gobernando. Si es que quiere lograr el cambio que tanto arraigo en la gente, tendrá que hacerlo de una manera sutil, deberá convencer a la sociedad que son necesarias ciertas cosas para cambiar y para vivir mejor. Tiene en estos momentos todas las de ganar mientras sigan los entusiasmos, pero los grandes hombres pierden centímetros cuando se enfrentan a la opinión pública, cuando se enfrentan a la masa y cuando el disenso entre el marketing y la realidad crean una muralla que separa la fe de la decepción. Así le ocurrió a Barack Obama en Estados Unidos, y así le puede ocurrir a Sebastián Piñera si no logra adaptarse al entorno externo con eficacia. La pregunta que queda pendiente entonces es ¿Sobrevivirá Sebastian Piñera a este fenómeno político o las expectativas que se tienen de él decaerán de nivel con el tiempo?
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[1] Utilizo el término ‘campaña contaminada’ a una campaña en la cual el marketing político se dedica a exaltar descalificativos en contra de la Derecha y a hacer perjuicios sin base sobre las consecuencias que traería el triunfo de la Derecha en el poder, en vez de buscar diferenciarse de la contraparte con propuestas e ideas concretas expuestas en las franjas electorales.
Para ver una comparación de las franjas electorales de ambos candidatos véase los siguientes links: http://www.youtube.com/watch?v=s2w2FFTcBBw y http://www.youtube.com/watch?v=27L1Kb2vgzA







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