Joaquín Lavín Infante, El Mercurio
El Presidente de la República acaba de recibir el
informe que elaboró un panel de expertos especialmente convocado para
proponer medidas concretas que mejoren la calidad de nuestra educación,
respecto a lo cual quiero destacar tres cosas. Primero, que no es un
diagnóstico sobre lo que pasa hoy. Ya estamos llenos de diagnósticos.
Es un informe orientado a la acción.
En segundo lugar, representa un amplio consenso técnico. Hay que
recordar que en este panel, integrado por doce personas, hay cuatro ex
ministros de gobiernos de la Concertación, entre ellos tres ex
ministros de educación, destacados alcaldes, expertos y directores de
escuelas. Corresponderá ahora al gobierno y al Congreso transformar
este consenso técnico en un consenso político. Hay materias propuestas
sobre las que es posible avanzar desde ya, y otras que requieren
cambios legales. El gobierno del Presidente Piñera está empeñado en que
este segundo semestre podamos lograr un gran acuerdo nacional en
educación. Llegó el momento, y el año del Bicentenario es el más
indicado para provocar este punto de inflexión que la educación chilena
necesita con tanta urgencia.
En tercer lugar, hay que destacar que el informe entregado pone el acento donde debe estar: en la sala de clases. Y señala que la principal meta-país está en que la profesión docente vuelva a ser atractiva para los mejores talentos jóvenes. No sólo en términos económicos, sino especialmente en reconocimiento social. Para eso propone avanzar gradualmente para que de aquí a diez años Chile elija a sus profesores de entre el 30 por ciento de los mejores alumnos que egresan de la enseñanza media. Esto pone a Chile en la ruta de países como Finlandia, reconocida hoy como la campeona mundial de la educación, según lo muestran los resultados de las pruebas TIMMS, Pisa y otras. Finlandia tomó años atrás la misma definición: hacer de la profesión docente una de las más atractivas. Los jóvenes sintieron ese llamado y años después las nuevas generaciones de estudiantes están cosechando los resultados.
El panel propone aumentar gradualmente los puntajes mínimos de ingreso a las carreras de pedagogía, para llegar en diez años a 550 puntos. Cabe recordar que el puntaje promedio de los egresados de pedagogía que rindió la última prueba Inicia fue de 485 puntos. Proponen también incentivos especiales para los alumnos de más de 600 y, especialmente, de más de 700 puntos en la PSU que quieran estudiar pedagogía. Asimismo, señalan que la prueba de egreso debe ser obligatoria y con resultados conocidos por todos. Como contrapartida establecen que quienes ingresen a la carrera docente cumpliendo estos nuevos requisitos deben tener una remuneración inicial mayor que la actual, cerrando, también gradualmente en diez años, la brecha que hoy existe en los sueldos de entrada a la profesión docente, comparados con el de otras profesiones afines.
Hay muchas otras recomendaciones que tienen que ver con la formación de profesores en nuestras universidades, como por ejemplo, la necesidad de que así como los alumnos de medicina tienen contacto con los hospitales y los pacientes desde el inicio de su formación, las salas de clases de las escuelas y liceos más vulnerables también sean los verdaderos campos clínicos de nuestros futuros profesores.
El informe contiene también recomendaciones
específicas respecto a esta nueva carrera docente para los profesores
del futuro, así como nuevas exigencias y atribuciones para los
directores de las escuelas.
Ahora lo que corresponde es estudiar a fondo estas medidas, escuchar
las diferentes opiniones, buscar los acuerdos, y transformar las
propuestas en realidad. Sabemos que en educación los cambios y sus
resultados requieren tiempo. El mismo panel lo reconoce al plantear
metas a diez años y avances graduales. Lo que está claro es que no
podemos darnos el lujo de no partir con esos cambios ahora.
Llegó el momento.







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